Hay palabras que impresionan e imponen respeto, que sugieren complejidad, desconfianza, artificiosidad y una cierta oscuridad semántica. Son palabras que designan algo corriente y moliente, aunque investidas de prestigio y solemnidad. Esta mañana he encontrado una de ellas en un aforismo de Nietzsche: «Le angustia pensar –escribía el filósofo acerca del gran peligro de los sabios– si la maestría en las cosas pequeñas no será una especie de comodidad, un subterfugio ante las voces íntimas que aconsejan dar rienda suelta a su vida». Ahí la encontré, agazapada, con su apariencia culta y su misterio, con su carga laboriosa y compleja: un subterfugio, es decir, una excusa o evasiva, una triquiñuela, una treta sutil, hija del ingenio y de lo artificioso, para solventar una situación delicada y salir más o menos airoso de ella.
domingo, 30 de noviembre de 2025
Allá van leyes...
domingo, 23 de noviembre de 2025
Melanina
En nuestra niñez era un acontecimiento insólito y con frecuencia quedó grabado para siempre en nuestra memoria.
No los había visto en fotografía ni en película. No teníamos aún televisor en casa. Los imaginaba como yo, como mis padres o mi hermana, como mis amigos, con la piel morena de más por el sol. Pero no era exactamente así.
Yo iba de la mano de mi madre. El autobús, el Pío, nos había dejado en la Bajada del Puente, junto al surtidor de gasolina. Cruzábamos hacia la Acera Pintada cuando pasó una doble fila de seminaristas. Una vez en semana, por la tarde, salían del seminario de San Eulogio para jugar al fútbol en el campo anexo al colegio Fray Albino. Era de ver la imagen del puente romano con las dos aceras llenas de seminaristas. Ah, cómo se perdieron las vocaciones.
Nosotros íbamos hacia la calle Altillo, a visitar a mi abuela Sebastiana. Oh, no era exactamente como nosotros. Eran los labios. Era la nariz. Era pelo. Era el negro azulado en su cara, distinto al negro mate de la sotana. Era el asombro infantil de la primera vez ante un muchacho de raza negra. La diferencia. La igualdad.
jueves, 6 de noviembre de 2025
Lo más hermoso
Primer amor
Empezábamos entonces a trazar
el mapa a escala real de nuestras vidas.
Éramos adolescentes bachilleres
recién reconciliados con nuestros cuerpos.
Fue el verano de nuestros dieciséis años.
De mañanas de bicicleta y recados,
de largos paseos al anochecer.
Una nueva emoción brincaba en mi pecho.
Tus ojos. Tu boca. Tus manos. Tu risa.
En septiembre descargaron las tormentas.
Tu no. Tu adiós.
Mis lágrimas. Mi drama.
Lo más hermoso que había vivido.
Lo más amargo que había probado.
El amor como nunca había amado.
El dolor como nunca había dolido.
No hemos vuelto a vernos desde aquellos días,
ni hemos vuelto a saber uno del otro.
Te traigo aquí esta tarde en calma de agosto
para darte las gracias por un verano
que con la luz punzante del amor
trajo a mi vida el afán por las palabras,
por el ritmo y la luz de la poesía.
martes, 4 de noviembre de 2025
Caminar
Caminar es conocer. Sentirse y sentir. Echar a andar y ver, oler, oír, notar la textura del camino, masticar una ramita de hinojo o la punta de un espárrago.
Caminar es divagar. Recordar. Soñar. Imaginarse paso a paso. Serse.