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Sobre la foto de Trifón Zarco-Bacas y Martínez-Calonge1 mencionada al comienzo de este capítulo, cedida por su tataranieto Francisco Cobo Zarco, escribe éste que su ascendiente era sargento en el ejército cuando se pasó a la Guardia Civil, poco después de su creación. En los días en que se hizo el retrato, tendría “unos veintitrés o veinticinco años (ya era sargento del ejército), sería más o menos por 1864, cuando se incorporó al cuartel de Mota del Cuervo”. Trifón viste el uniforme de guardia civil de diario –casaca azul turquí de faldón ancho, con cuello, solapa y vueltas encarnadas, dos hileras de botones blancos, pantalón recto, azul turquí también, con vivo encarnado, cinturón de cuero con el emblema GC y el escudo de España, zapatos negros abotinados–, tal como fue ideado por el Duque de Ahumada2 en la primavera de 1844. El retratado posa de pie, con el cuerpo y la mirada hacia la izquierda del objetivo, apoyada la mano derecha en el respaldo de una silla baja toda tapizada, adornada con borlas y flecos largos. Junto a la mano, los preceptivos guantes de algodón blancos. En el asiento, el sombrero de tres picos, el característico tricornio del Cuerpo, confeccionado con fieltro negro, galón blanco, cucarda roja, presilla y botón blanco, que se mantuvo así hasta 1860, cuando se redujo notablemente la pala delantera. Este segundo modelo, que se mantuvo seis años, es el que aparece en la fotografía3. Por otra parte, las primeras ordenanzas para el ingreso en la Guardia Civil establecían que los aspirantes, una vez acabado su servicio militar y presentado una impecable hoja de servicios, además de buena salud y complexión robusta, debían contar entre 25 y 45 años y alcanzar una talla mínima de “cinco pies y tres pulgadas” (160 cm). Los datos corroboran lo afirmado por el tataranieto de Trifón Zarco, nos permiten eliminar las disyuntiva de si tenía 23 o 25 años el día en que se tomó la fotografía, y conjeturar cierta falta de gallardía y apostura en el personaje, que no parece haber superado en mucho la talla mínima y muestra un cierto desaliño o falta de elegancia y vistosidad en el uniforme: ¿largo y ancho de más el pantalón?, ¿desabrochado o falta un botón en la casaca?
Por su segundo apellido compuesto, por su casamiento con Josefa Bascuñán, y a la vista de mi rama genealógica, este guardia civil, como ya sabe el lector, queda descartado como padre del beato Julián Zarco Cuevas, asesinado en Paracuellos del Jarama. Sin embargo, queda un hilo pendiente, su nieto, llamado Trifón y de primer apellido Zarco, que bien pudiera ser…
En mi búsqueda de información sobre tal vástago, hijo de Leandro Zarco y nieto de Trifón Zarco-Bacas y Martínez-Calonge, fui a dar con Trifón Zarco Contreras, que, ese sí, coincidía en apellidos con mi tatarabuelo, Julián Pío, el marido de Paula García, progenitores, como bien sabe el lector atento, de Tórbulo, padre en primeras nupcias con Convertida madre, de Pío, de Julián y de Ángel, muerto adolescente.
¿Era este Trifón Zarco Contreras hermano de Julián Pío Zarco Contreras, ambos de Mota del Cuervo? Si damos como ciertos los datos contenidos en su esquela, Trifón Zarco Contreras nació en 1892, lo que arroja una diferencia de 66 años entre el nacimiento de Julián Pío (1826) y el de Trifón, cosa verosímil pero en verdad insólita tratándose de hermanos. Por fecha de nacimiento, Trifón podría ser primo hermano de mi abuelo Anselmo, y, naturalmente, de mis tíos abuelos Pío, Emilia, Federico y José. Pudo ser hijo de un mi tío bisabuelo, Lorenzo (1859), hermano de Tórbulo, Victorica y Pío, mi bisabuelo, pero esa rama zarquil está por ahora sin trazar.
En lo que conozco, la biografía de Trifón Zarco Contreras tiene su aquel. Tirando de hemeroteca he averiguado que completó estudios en la Escuela de Magisterio de Valencia, que ejerció como maestro interino en Asprella, una pedanía de Elche, en el curso 1915-1916, que contrajo matrimonio con María de la Misericordia Castellano Izquierdo-Pérez, que tuvieron dos hijos, Emilia y Urbano. María de la Misericordia murió con 69 años en Madrid el día 1 de noviembre de 1959.
En 1924 encontramos a Trifón de nuevo en MDC, alternando el ejercicio del magisterio con su nombramiento como subcabo del Somatén, con su elección como alcalde entre 1926 y 1927, y con la administración de sus propiedades agrícolas. Un prócer local, un hombre de respeto y autoridad en su pueblo, partidario, sin duda, del “orden, trabajo y economía” a que aspiraba la dictadura de Primo de Rivera. En su faceta de maestro, figura en febrero de 1929 como presidente de la mutualidad escolar Manjavacas4, nombre de una laguna estacional cercana a MDC, apellido también y denominación de la patrona de la localidad.
Precisamente un Manjavacas, Eugenio Manjavacas Nieto, es protagonista en dos hechos que debieron apesadumbrar profundamente a TZC. Del primero tenemos noticia por la Gaceta de Madrid5, cuando aparece un edicto de la delegación provincial del Tribunal de Cuentas por el que se cita a Juan Eugenio Manjavacas Nieto, “peatón interino que fue de Mota del Cuervo”, en relación con el extravío de un reintegro de 2.000 pesetas, impuesto por TZC en la estafeta de Correos de Mota del Cuervo el 17 de octubre de 1928 a favor del Banco Popular «Previsores del Porvenir». Por el nombre del banco, «Previsores del Porvenir», di por seguro que aquel ingreso de 2.000 pesetas era producto de las cuotas de los estudiantes para la Mutualidad Escolar «Manjavacas», lo cual me parecía un agravante, al tratarse de dinero perteneciente a numerosas familias de MDC, pero no encontré datos que corroboraran mi pensamiento inicial. El caso es que las pesetas depositadas en MDC desaparecieron y algo tendría que decir la persona que hizo el traslado hasta Socuéllamos, Eugenio Manjavacas Nieto, en aquel momento cartero temporal o peatón interino, como entonces se llamaba a los carteros a tiempo parcial.
No sabemos qué explicaciones daría o no daría el citado, ni cómo acabó el pleito, ni como fueron a partir de entonces las relaciones entre el propietario y el cartero interino. Es posible que anidara en uno el desprecio y el rencor en el otro, que fraguara la mutua animadversión, que la espina del resentimiento quedara en el pecho de los litigantes.
Pasa el tiempo de la dictadura y de la dictablanda, viene la II República, llega julio del 36, el golpe militar y la guerra civil. El ayuntamiento de MDC es frentepopulista y defiende la legalidad republicana. Eugenio Manjavacas Nieto fue uno de los gestores municipales entre el 24 de mayo de 1938 y el 8 de marzo de 1939. En el expediente número 1062/8 de la Causa General en el Partido Judicial de Belmonte (Cuenca), abierto en octubre de 1942, Manjavacas Nieto figura como marxista revolucionario, militante de organizaciones y partidos marxistas, procesado y detenido en la prisión central del Monasterio de Uclés, donde cumple pena de 14 años de cárcel. Se le hizo, junto a otros, responsable de la destrucción de la iglesia parroquial de MDC y de varias ermitas, de la detención de unas 150 personas, de las cuales 9 fueron asesinadas, y de la incautación de los bienes y saqueo de los domicilios de Trifón y Salomón Zarco Contreras.
Veinte años después de aquel extravío de dinero, ¿seguía enconada la llaga? ¿Ajuste de cuentas entre particulares o castigo a los rebeldes? ¿Desmanes de las hordas rojas o justicia revolucionaria?
¿Por qué –te preguntarás, amable lector–, por qué estas relaciones de parientes que más se acercan a las enumeraciones del Génesis que a cuento o novela de estos tiempos; por qué este galimatías de tataranietos, resobrimos, bisabuelos, primos terceros y segundos, trastatarabuelos y trastataranietos y demás parientes que cualquiera de nosotros puede alegar? No es prurito heráldico, ni simple afán genealogista. Busco mis raíces para entenderme a mí mismo. Y para entender al país en el que vivo. Es difícil imaginar ciertos periodos de la historia de España sin la Guardia Civil, ¿verdad? Pues ahí estaba un Zarco o un Pérez guardiaciviles. Los hubo en la guerra de Marruecos y en la Barcelona de los anarquistas. Los hubo en el frente de Madrid y en la persecución del maquis. Los había disimulados, infiltrados, en la represión callejera de los sesenta y los setenta, seguramente en las luchas carlistas del XIX y en las refriegas con bandoleros y contrabandistas. Los había en las manifestaciones a favor de Franco, en las procesiones de Semana Santa y, si no recuerdo mal, hasta en la persecución de El Lute hizo mi padre algunos servicios especiales.
A partir del 18 de febrero de 1956, los hubo a diario en mi vida. Y eso sí que fue importante para mí.
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1 Se puede ver la fotografía escribiendo en el buscador “Primer guardia civil en Mota del Cuervo” o bien el nombre completo: Trifón Zarco-Bacas y Martínez-Calonge”.
2 El 24 de abril y el 28 de mayo de 1844, el Duque de Ahumada presentó al Gobierno en sendas comunicaciones escritas su propuesta de uniforme para el recién creado Cuerpo de la Guardia Civil.
3 A partir de 1866, el tricornio adquirió la forma y dimensiones actuales.
4 Las mutualidades escolares, creadas en 1911 y obligatorias a partir de 1919, son producto de una campaña estatal de fomento del ahorro, la previsión y la solidaridad en los escolares. Mediante el abono de pequeñas cuotas semanales, cada estudiante iba engrosando una dote de la que podía disponer para viajes y colonias escolares, continuación de los estudios, pensiones de retiro o cualquier otra necesidad. Además de las cuotas de los escolares, las mutualidades recibían subvenciones locales, provinciales y estatales.
5 Gaceta de Madrid, n.º 180, 28 junio 1932, p. 2212.