Antes de que el sol apunte fulgurante tras el perfil violeta de la sierra; cuando vaga fresco en el aire el aroma verde del hinojo y los jilgueros te acompañan saltando de un lado a otro del camino; con el relente aún en tus brazos, en el color apagado de las piedras y del cielo, del amarillo de las avenas; con tus primeros pasos, el hermoso espectáculo: ver nacerse el día, la plena luz de julio.
Y vuelves entonces a tu niñez, a los veranos de alberca y estrellas fugaces, cuando ser feliz era sólo un día luminoso por delante y risas y juegos con los amigos. ¡Oh, amaneceres de julio! ¡Oh, noches de ventanas abiertas y diáfanos sueños!
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