martes, 20 de octubre de 2026

Palabras a la importancia (1)


    Leyendo estos días Trópico de Cáncer, la primera novela del estadounidense Henry Miller, he encontrado varias veces expresiones como «Tú hablas con todo el mundo, ya me he fijado. Te importa un pito» (150). «Ya sé que te importa un comino, pero eres paciente» (150). «Le importa un bledo lo que le pasa» (190). «A Swift le importaba tres cojones la Naturaleza» (238). No era, claro está, la primera vez que me encontraba tales expresiones, pero en esta ocasión, al hallarlas incluso repetidas en la misma página, me dieron que pensar. Lo primero que destaca es la ambivalencia, o la paradoja, pues vale tanto lo afirmativo como lo negativa. Quiero decir que Me importa un pimiento y No me importa un pimiento, expresan el desinterés de la persona por algo, pudiéndose establecer, como mucho, una escala en tal desinterés, siendo cero o ninguno en la negación, y poco o muy escaso en la afirmación.

     Las construcciones de este tipo, con verbos estimativos –valer, interesar, apreciar, gustar...– tienen su antigüedad en nuestra lengua. Las encontramos en el Libro de buen amor, el Libro de Alexandre, Vida de Santa María Egipciaca o la Danza general de la muerte: «non gelo preçió don Gimio quanto vale una nues», «los sus dichos no valen dos arvejas», «si vedes que vos miento no me preciedes un figo», «la mi guarda non vale una fava». Son muchas y variadas en español las oraciones y términos de polaridad negativa, pero hablaré aquí sola y brevemente de las que más me interesan en este momento: las construidas con el verbo «importar».

     De las siete acepciones que el diccionario académico recoge para ese verbo, la más importante, a mi parecer, es la que leemos en séptimo y último lugar, porque se refiere a personas, ideas, sentimientos, actitudes, hechos y emociones que nos atañen, que tienen relevancia en nuestra vida personal y en nuestra relación con los demás. Importar es convenir, interesar, afectar profundamente, ser de mucha entidad o consecuencia para cada uno de nosotros.

     En la gramática de la RAE se distingue entre “términos de polaridad negativa” propiamente dichos –nadie, nada, nunca, ninguno, a los que se añaden alguno, jamás, tampoco– y locuciones asimilables de carácter minimizador, es decir, construcciones cuyo sujeto contiene un sustantivo que hace referencia a elementos de mínimo tamaño o valor, como ocurre en Me importa un comino / pito. Esas realidades de escasa entidad pueden ser monedas de poco valor (ardite, chavo, maravedí), piezas, medidas o cantidades reducidas (puñetas, pito, jeme, comino, ápice), frutos (higo, castaña, cacahuete), verduras (arvejas, chirivías, pimiento, haba, bledo, pepino, rábano). No faltan los sustantivos considerados soeces o malsonantes: cojón, mierda, cipote, carajo. La secuencia nominal, que actúa como sujeto de importar / no importar, está sometida a los intereses y necesidades comunicativas del hablante, que para intensificar el concepto de insignificancia o desinterés recurre bien a los determinantes numerales (Me importa tres pimientos / puñetas / rábanos / pares de cojones), bien a la imaginación y creatividad: Me importa un cojón de mico / un huevo y la yema del otro / tres rábanos fritos.

     Adviértase que en estas construcciones con importar, lo mismo que en los ejemplos señalados en la novela de Henry Miller que han dado lugar a estas consideraciones, hay tendencia a la enunciación afirmativa –Me importa tres puñetas– con significación negativa, equivalente a No me importa nada / No me importa mucho. Se niega afirmando. Este fenómeno pudiera relacionarse con lo que los lingüistas denominan el «ciclo de Jespersen», referente a la evolución de la expresión de la negación en determinadas lenguas. Este proceso, observado por el lingüista sueco Östen Dahl en la lengua francesa entre otras, se desarrolla en tres frases:

        a) Un marcador preverbal: Je ne dis.
        b) Doble marcador: Je ne dis pas.
        c) Pérdida del marcador inicial: Je dis pas.

     En español, las construcciones con importar habrían evolucionado de forma parecida: El dinero no me importa > El dinero no me importa un bledo > El dinero me importa un bledo. La paradoja de la sintaxis, como decíamos antes: afirmar es negar.

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