domingo, 30 de noviembre de 2025

Allá van leyes...

 Hay palabras que impresionan e imponen respeto, que sugieren complejidad, desconfianza, artificiosidad y una cierta oscuridad semántica. Son palabras que designan algo corriente y moliente, aunque investidas de prestigio y solemnidad. Esta mañana he encontrado una de ellas en un aforismo de Nietzsche: «Le angustia pensar escribía el filósofo acerca del gran peligro de los sabios si la maestría en las cosas pequeñas no será una especie de comodidad, un subterfugio ante las voces íntimas que aconsejan dar rienda suelta a su vida». Ahí la encontré, agazapada, con su apariencia culta y su misterio, con su carga laboriosa y compleja: un subterfugio, es decir, una excusa o evasiva, una triquiñuela, una treta sutil, hija del ingenio y de lo artificioso, para solventar una situación delicada y salir más o menos airoso de ella.

Pero si seria, por culta, nos parece «subterfugio», qué pensaremos de «efugio», que es el primer significado que le asigna el diccionario de la RAE. Un subterfugio es un efugio. Efectivamente nos da la impresión de estar ante un juez o ante un abogado listo, que habla en jerga para llevarse el gato al agua sin que los no iniciados comprendamos el porqué.

La señora Moliner, más explícita en su diccionario, aclara que un subterfugio es el «medio hábil y engañoso con que alguien evita hacer una cosa, excusa el no haberla hecho, escapa de cierto sitio o elude un compromiso». Por si no quedaba claro el concepto, añade un ejemplo: Acudió a un subterfugio para no estar allí cuando llegó el inspector.

La madre de esta palabra es medieval –subterfugium–, pero procede de un clásico, el verbo fugere, de ancestros griegos: pheúgo (φεύγω), cuya primera acepción es huir, darse a la fuga, emprender la huida, pero que también alude al hecho de ser expulsado o salir desterrado de la patria y, en sentido figurado, caerse, incluso rechazar o negarse a algo. Para los romanos, fugere era huir, como lo hizo Eneas de Troya, y en sentido figurado: desvanecerse, rehuir, procurar que no, librarse de algo…

El diccionario de la RAE no explica el significado de la palabra subterfugio, simplemente recurre a la sinonimia –subterfugio significa efugio, escapatoria, excusa artificiosa–, obligándonos a buscar nuevamente en el diccionario para distinguir los matices entre los tres sinónimos. Sí, un camino en parte “subterfúgico” que el lector puede recorrer si es gustoso.

No he encontrado estos días la palabra subterfugio en la prensa, pero está revoloteando por ahí. A pesar de la falta de pruebas fehacientes e irrefutables de que el Fiscal General fuese el autor de una filtración, cinco miembros del Tribunal Supremo han fallado y lo han condenado, sin haber comunicado aún el cuerpo argumentativo de la sentencia, es decir, han condenado, pero no sabemos porqué. Podrá ser legal la cosa, pero dada la trascendencia del caso, no parece oportuna, ni ética, la decisión de los magistrados. Es posible, piensan algunos jueces y profesores de Derecho, que los magistrados del Supremo recurran al concepto de “unidad de acto”: la filtración del documento en cuestión, que no ha podido ser probada, y la redacción de una nota para desmentir una versión falsa de los hechos, reconocida por el autor de la misma, son el mismo acto…

¿Sortearán los miembros del Supremo la dificultad recurriendo al subterfugio?

domingo, 23 de noviembre de 2025

Melanina

 En nuestra niñez era un acontecimiento insólito y con frecuencia quedó grabado para siempre en nuestra memoria.

No los había visto en fotografía ni en película. No teníamos aún televisor en casa. Los imaginaba como yo, como mis padres o mi hermana, como mis amigos, con la piel morena de más por el sol. Pero no era exactamente así.

Yo iba de la mano de mi madre. El autobús, el Pío, nos había dejado en la Bajada del Puente, junto al surtidor de gasolina. Cruzábamos hacia la Acera Pintada cuando pasó una doble fila de seminaristas. Una vez en semana, por la tarde, salían del seminario de San Eulogio para jugar al fútbol en el campo anexo al colegio Fray Albino. Era de ver la imagen del puente romano con las dos aceras llenas de seminaristas. Ah, cómo se perdieron las vocaciones.

Nosotros íbamos hacia la calle Altillo, a visitar a mi abuela Sebastiana. Oh, no era exactamente como nosotros. Eran los labios. Era la nariz. Era pelo. Era el negro azulado en su cara, distinto al negro mate de la sotana. Era el asombro infantil de la primera vez ante un muchacho de raza negra. La diferencia. La igualdad.


jueves, 6 de noviembre de 2025

Lo más hermoso

 

Primer amor


Empezábamos entonces a trazar

el mapa a escala real de nuestras vidas.

Éramos adolescentes bachilleres

recién reconciliados con nuestros cuerpos.


Fue el verano de nuestros dieciséis años.

De mañanas de bicicleta y recados,

de largos paseos al anochecer.


Una nueva emoción brincaba en mi pecho.

Tus ojos. Tu boca. Tus manos. Tu risa.


En septiembre descargaron las tormentas.

Tu no. Tu adiós.

Mis lágrimas. Mi drama.


Lo más hermoso que había vivido.

Lo más amargo que había probado.

El amor como nunca había amado.

El dolor como nunca había dolido.


No hemos vuelto a vernos desde aquellos días,

ni hemos vuelto a saber uno del otro.

Te traigo aquí esta tarde en calma de agosto

para darte las gracias por un verano

que con la luz punzante del amor

trajo a mi vida el afán por las palabras,

por el ritmo y la luz de la poesía.



martes, 4 de noviembre de 2025

Caminar

Caminar es conocer. Sentirse y sentir. Echar a andar y ver, oler, oír, notar la textura del camino, masticar una ramita de hinojo o la punta de un espárrago.

Caminar es divagar. Recordar. Soñar. Imaginarse paso a paso. Serse. 


lunes, 20 de octubre de 2025

Amanecer


Se deja caer el frío en tus hombros. En tus manos. En tu rostro. En el perfil difuminado de las retamas. 

Quizá en el violeta recortado de las sierras. O en el nítido azul de un cielo que se va colmando de luz paso a paso.

Vuela ya el día en alas de la alondra. En el pecho y en el canto de la tarabilla.Cuando se deshace la leve niebla de la laguna y el agua espeja el disco naranja, cegador, que sube y comienza a sembrar sombras de jóvenes encinas sobre la tierra amarilla y seca.


viernes, 17 de octubre de 2025

Como bellacos


En uno de los romances más conocidos de Luis de Góngora, «Hermana Marica», la voz del niño protagonista canta a su amiga Barbola,


la hija de la panadera,
la que suele darme
tortas con manteca,
porque algunas veces
hacemos yo y ella
las bellaquerías
detrás de la puerta.

Imagine cada cual las bellaquerías que podrían hacer dos niños de cinco o seis años detrás de una puerta, aunque al padre Juan de Pineda estos versos finales le parecieron dignos de censura por desvergonzados e infamantes. Pero no me detendré ahora en la oportunidad o no de aquella censura eclesiástica, sino en el uso de la palabra bellaquerías, hoy en desuso, y no porque hayan desaparecido los bellacos ni las bellacas.

La bellaquería es acción propia de bellaco, que en la primera edición de nuestro diccionario académico (1726) es descrito como un hombre de ruines y malos procederes, y de viles respetos, y condición perversa y dañada. Un prenda. En la naturaleza del bellaco está el hacer bellacadas, el bellaquear o el actuar bellacamente.

El origen de la palabra no está claro. La RAE esquiva la cuestión con un lacónico De or. inc., aunque en la edición ya citada de su diccionario recoge la existencia en toscano de un villaco, derivado de villa, o de villano, porque «los villanos naturalmente suelen ser de baxos y viles pensamientos». Como si entre las clases elevadas se desconocieran la ruindad y la vileza.

El maestro Covarrubias propone el hebreo belial, de donde beliaco y finalmente bellaco; luego da su equivalencia en latín scelestus, improbus, nequam y aporta un ejemplo: Dios me libre de bellacos en cuadrilla.

El señor Corominas, oh catalana peculiaridad, saca a relucir un término del catalán medieval, bacallar, procedente del céltico bakkallakos, que nombraba así al pastor, al campesino, y en un giro semántico ya prejuiciado y despectivo al palurdo. De nuevo el pueblo llano despreciado por nobleza y burguesía. Su colega aragonesa, María Moliner, también proponía la misma etimología celta para el hispano bellaco, que identifica con el granuja. El bellaco es mala persona. No es el matón, el bravucón, que amedrenta con su puño, con su arma. El bellaco perjudica al otro de palabra o de obra. Y miente. Es un cínico. Niega lo evidente. Lo constatado. Sin sonrojo. Se declara siempre inocente La mentira no es ilegal. Aquel día estuve informado en tiempo real. Las chistorras son embutidos, no billetes de 500 euros. Es Hacienda quien le debe casi 600.000 euros a mi pareja. Hubo un apagón informativo de dos horas y media–. Sí, bellacas y bellacos son inocentes, como los presos de Cadena perpetua.


Últimamente, cada vez que oigo a uno de ellos o de ellas con ese descaro en el mentir –mienten en sus currículums, mienten en sus discursos, mienten en sus explicaciones de los hechos, mienten en sede judicial, mienten en sus trabajos, en sus programas–, me quedo perplejo, se me viene esa expresión, mentir como bellacos, y pienso en todos los términos que el diccionario considera equivalentes de bellaco: ruin, vil, perverso, despreciable, bajo, bribón, canalla, rufián, malvado, maligno, malo, desleal, traidor... Y compruebo que no piden disculpas, que no se les cae la cara ni les crece la nariz, y que continúan sus vidas, sus mentiras, como si nada. Incluso hay quienes aplauden y jalean estas conductas. Quienes les permiten y les premian actuar con irresponsabilidad, buscar el medro particular e ignorar el bien común. Quienes votan a granujas y sinvergüenzas.

viernes, 10 de octubre de 2025

Square des Bénédictins

 

Medita et labora


El ser del árbol:

raíz y vuelo

hacia la tierra,

hasta la luz.


Las campanas llaman al ángelus.

Por el jardín en sombras y luces

baja el murmullo,

la canción fugitiva del agua.


Pasan las nubes.

Vuelan mariposas y libélulas,

cantan las tórtolas.


Caen las hojas

a la tierra

                   cumpliendo su ciclo:

tierra a la tierra,

vida a la vida.


***

(Lyons-la-Fôret, 10 agosto 2025)